8 – El Poder en la Tierra Desaprovechada: Cómo Entender Relaciones Esenciales

Muchos teólogos de la liberación ignoran el papel de la propiedad en tierra y ni siquiera incluyen tierra en el índice de sus libros. Sin embargo, ninguno negaría que el acumular tierra y acceso a tierra son hechos fundamentales de justicia y desarrollo económico.

Los siguientes dos pasajes de Henry George, el economista que hizo las afirmaciones más definitivas con respecto al papel de la tierra en economía política, ilustran las características de la tierra que son omitidas o ignoradas por analistas económicos modernos tanto de las derechas como de las izquierdas.

¿Tiene acaso el primer pasajero que entra a un tren el derecho de esparcir su equipaje sobre todos los asientos y obligar a los pasajeros que tras él vengan a quedarse de pié? ...llegamos y partimos; pasajeros de una estación a otra, en un orbe que gira en el espacio, nuestros derechos a tomar y poseer no pueden ser exclusivos; deben estar limitados en todas partes por iguales derechos de los demás. Del mismo modo que el viajero en un vagón de ferrocarril puede ocupar con su equipaje tantos asientos como quiera hasta que vengan otros pasajeros, así también un colono puede tomar y usar tanta tierra como le plazca hasta que la necesiten otros....

En la tierra nacimos, de ella vivimos y a ella regresamos... hijos del suelo somos tan cierto como la hoja de grama o la flor del campo. Quitémosle al hombre lo que pertenece a la tierra y sólo queda un espíritu sin cuerpo. El progreso material no puede liberarnos de nuestra dependencia de la tierra. (Progreso y Miseria)

Bajo todas las ideologías hay factores y relaciones básicas que son el sostén del comportamiento económico. Para entenderla, de otra manera inexplicable, omisión de la atención a la importancia económica de la tierra, es útil hacer un recuento de estas bases.

El término ”Tierra” se refiere a todo el universo material, excluyendo el hombre y lo que él produce. No es creación del trabajo del hombre pero es esencial al trabajo; es la materia prima de la cual se da forma a la riqueza. Incluye no sólo el suelo y los minerales, sino el agua, el aire, la vegetación natural, la vida salvaje, y todas las oportunidades naturales – incluyendo las aún no descubiertas. Es un factor pasivo de la producción que solo produce riqueza al aplicarle trabajo.

El Trabajo incluye toda acción humana, mental y física, usada directa o indirectamente para producir cosas o prestar servicio a cambio. Se piensa a veces que sólo se hace trabajo empleándose, con salarios fijos, principalmente en situaciones que no incluyen riesgos o toma de decisiones que son consideradas como “empresariales”. Sin embargo, bien entendido, el trabajo incluye toda acción en la producción, incluyendo la mental. El pago al trabajo se llama Salario, y es importante recordar que el pago, o retribución, al trabajo no incluye nada que sea el resultado de monopolio.

Capital es el término económico más profundamente malentendido y confuso. Para que el término tenga sentido en cualquier análisis sistemático de distribución de la riqueza, debemos definir capital en su sentido clásico como “la riqueza que se usa para ayudar a producir más riqueza, en lugar de ser consumida”. Ya que la producción no se completa hasta que el producto está en manos del consumidor, los productos en camino del mercado o “riqueza en su curso de intercambio” también son capital.

Ahora bien, el objetivo de toda actividad económica es la satisfacción de deseos humanos. Los seres humanos siempre buscan satisfacer sus deseos con el mínimo esfuerzo: esta evidente proposición está en el centro de nuestros conceptos de valor económico y de cambio. La primera cosa necesaria para la satisfacción es, por supuesto, que sea algo tangible, hechas de recursos naturales, que satisfagan deseos humanos y que tengan valor de cambio. Las cosas que llenan estos criterios fundamentales se llaman “riqueza”. Pero dinero, bonos, hipotecas, son sólo derechos y medida de este valor: no son por sí mismas la riqueza que simbolizan.

Un claro entendimiento de esas definiciones básicas señala inmediatamente a la importancia de la tierra como un factor económico. Los seres humanos tienen necesidades naturales de alimento, vestido y vivienda. Cualquiera que sea la cadena de intercambios que pasen por una economía moderna, en última instancia todas las cosas tienen origen en la tierra, pues no pueden venir de ninguna otra parte. Los seres humanos necesitan tierra para vivir, pero si tenemos que pagar renta a un terrateniente por tener acceso a los bienes de la naturaleza, equivale a decir que nos están cobrando por el derecho a vivir.

El valor de la tierra aumenta cuando la población aumenta y cuando el desarrollo tecnológico y económico hacen más productivo el trabajo. Los que “poseen” tierra a menudo la mantienen inutilizada, esperando captar su futuro aumento de valor – así, pues, la posesión de tierra permite a sus dueños recibir una ganancia sin hacer nada para producirla.

La especulación en tierra tiene desastrosas consecuencias. Los campesinos que buscan tierra en la cual pueden sobrevivir son presionados hacia tierras cada vez peores. Estas tierras “submarginales” se convierten en la alternativa para emplearse ellos mismos, y con tal alternativa no les queda más remedio que aceptar bajos salarios. La Renta – el pago a los terratenientes – absorbe más de la riqueza producida en todos los sitios.

La especulación en tierra también evita el desarrollo del centro de la ciudad empujándolo hacia la periferia mientras el centro decae y aumentan las barriadas. La expansión hacia los lados absorbe fincas y bosques, y al aumentar el precio de la tierra hace más costoso aún el desarrollo de la ciudad.

La rápida destrucción de la selva lluviosa del Amazonas dramatiza cómo el fenómeno nada natural de la expansión tiene un impacto nefasto en el ambiente. En Brasil, 10% de los terratenientes posee el 80% de la tierra mientras que un millón de campesinos son sacados de la tierra cada año; y un mero 10% controla el 48% de la tierra cultivable. El único lugar en Brasil donde hay tierra “libre” es en la selva amazónica. La destrucción de la selva es causada por un sistema que perpetúa la escasez de tierra. Casi las cuatro quintas partes de la tierra arable en Brasil son latifundios que se extienden, la mayoría en manos de especuladores que no producen nada.

Aquí está la causa de la pobreza. Cuando los labriegos tienen que escoger entre bajos salarios de subsistencia o tierra que escasamente los mantendría vivos, el trabajo se margina no puede negociar en su provecho. Los salarios, generalmente, en toda la tierra se rebajan al punto de mera subsistencia. Los intereses del capital también se deprimen por igual razón, deteniendo así la inversión; y cuando este caso se lleva al extremo - cuando la gente no puede adquirir las mercancías producidas y cuando hay poca ganancia para el inversionista – la economía se quiebra. El valor inflado de la tierra que alimentó el ansia especulativa, también cae.

Desde la Gran Depresión (1929-1932), la ruina total ha sido disminuida en las naciones desarrolladas por medidas keynesianas: expansión monetaria, trabajos públicos masivos y programas sociales. En los países del Tercer Mundo, tales remedios keynesianos, que mantienen altos niveles especulativos de renta sólo dan resultado si se fortalecen las exportaciones. Cuando la demanda se debilite, el peso de la deuda externa se hace tal que desafía todo remedio.

La crisis de la deuda del Tercer Mundo es señalada por muchos como el signo más claro de la teoría de la dependencia. Se asegura que los prestamistas occidentales han hecho préstamos a regímenes corruptos, a sabiendas de que las gentes tendrían que soportar cargas casi siempre crecientes. Pero cuando nos damos cuenta que el problema de la tierra es la causa básica de la quiebra económica que ha llevado a la “crisis de la deuda externa”, es claro que los intereses financieros occidentales no crearon esas enfermedades sino que se aprovecharon de las políticas económicas equivocadas de las naciones en desarrollo.

Algunos defensores del status quo admiten que todos los títulos de tierra provienen de actos de fuerza o fraude ( o de la más respetable “prioridad de ocupación”). Pero, agregan, no podemos empezar otra vez pues la sociedad ha sancionado legalmente la propiedad privada de la tierra. Son innumerables los contratos llevados a cabo bajo esas bases y entre éstas está la buena fe del que compró. Si la sociedad retira la legislación, así lo aseguran, habría un rompimiento de confianza.

Sin embargo, el paso del tiempo no puede convertir en correcto lo incorrecto. Reyes y Papas y gobernantes no tenían el derecho moral de conceder a perpetuidad lo que Dios destinaba para el beneficio de todos. Si la adquisición de un beneficio bajo la ley fuera a establecer intereses creados, no se podría enmendar ley alguna, ya que invariablemente perjudicaría a alguien.

Obviamente, cualquier cambio que rasgue más la tela de la sociedad se autodestruye. Y la gran mayoría de beneficiarios de estructuras injustas – las sitiadas clases medias – no están haciendo el mal intencionalmente sino que son recipientes pasivos de una riqueza no ganada en un sistema defectuoso que ellos no crearon. El desmantelamiento de estas estructuras en lo posible debería llevarse acabo de una manera que les evite dificultades, pero atiene que hacerse.

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