6 – El Sufrimiento en la Tierra Desaprovechada – Independencia o Dependencia
La Tierra Desaprovechada es una zona de transición entre Egipto y la Tierra Prometida, entre cautiverio y liberación. América Latina, en su segundo siglo de independencia, se encuentra en una confusión, entre subyugación colonial y verdadera auto-determinación.
Los teólogos de la liberación señalan el mal institucional, más bien que el mal individual, como el mayor factor que mantiene al pobre atrapado en la Tierra Desaprovechada. Ellos desvían el foco crítico de los problemas causados por líderes perversos a la opresión causada por fuerzas impersonales, y señalan además que estas fuerzas no se encuentran sólo en los países en desarrollo. ( P.e., en la mayoría de las sociedades, aún en las desarrolladas, estructuras masculinas deshumanizan la mujer). Ellos -los teólogos- nos hacen recordar cómo un complejo industrial-militar, corporaciones multinacionales, burocracias gubernamentales, gigantescos centros bancarios, y otras poderosas instituciones pueden despersonalizar a los ciudadanos, deprimiéndolos del control efectivo sobre sus vidas.
La década de los 50 fue optimista en cuanto el desarrollismo. Pero en 1967, el Papa Pablo VI cuestionó ese optimismo en su encíclica “Populorum Progressio”. Él veía naciones ricas desarrollándose rápidamente mientras naciones pobres lo hacían lentamente. Él veía crecer disonancia entre las gentes y las naciones debido a las desigualdades de poder y de posesión en el mundo. Estos conflictos se originaban en parte, decía el Papa, por el muy estrecho desarrollo limitado al crecimiento económico; y llamó la atención para ampliar el objetivo y promover lo bueno en cada persona, con énfasis en la persona interna.
Aunque en partes vaga y sin soluciones radicales, la encíclica papal, sin embargo, dramatizó cómo los países pobres pueden ser mantenidos cautivos por su dependencia económica de los países ricos, y sirvió para corregir la creencia popular de que el solo crecimiento económico era suficiente para el progreso.
Cuatro años más tarde, Fray Gustavo Gutiérrez hizo una crítica más sustancial al desarrollismo en su obra “Una Teología de la Liberación”. Según él, el subdesarrollo en lugar de ser un paso en el camino del progreso, es el producto final histórico de la expansión económica de los grandes países capitalistas. La abundancia en las naciones ricas está directamente relacionada con el hambre en los países pobres. Por lo tanto, el primer paso hacia la liberación debe ser el cortar el vínculo de la dependencia. Gutiérrez no presumió decir algo original, sino que simplemente avanzó en un contexto teológico las ideas de Andre Gunder Frank, Fernando Cardoso, y otros científicos sociales latinoamericanos que habían producido varias alternativas de la teoría de la dependencia basados en algunos casos en la doctrina del imperialismo de Lenin.
Sería insensato negar que parte de la pobreza latinoamericana puede deberse históricamente a las operaciones de las compañías del Viejo Mundo y a la intervención de los gobiernos del Viejo Mundo, como lo sostiene la teoría de la dependencia. Debido a la influencia de Gutiérrez, y más tarde de Boff y otros, la teoría de la dependencia llegó a ser un postulado de la teología de la liberación. Sin embargo, ahora se acepta que la teoría, como lo reconocen Boff y Gutiérrez, es cuestionable como clave de la solución o aún siquiera del diagnóstico. Gutiérrez escribe que la teoría no toma en cuenta suficientemente de la dinámica interna de cada país o la vasta dimensión del mundo de los pobres.
La existencia de la dependencia no justifica automáticamente que proviene de la explotación. Esta crítica asume una situación de cero donde una región puede incrementar su riqueza solamente a expensas de otras regiones, lo cual no considera la evidencia que la riqueza del mundo no es estática sino que constantemente se aumenta por el trabajo del hombre. Económicamente Canadá depende enormemente del comercio e inversión de los Estados Unidos y, sin embargo, su nivel de vida está entre los más altos del mundo – y es debido no en poco a ese comercio y a esa inversión. Albania, por el contrario, hasta hace poco era la menos dependiente de las naciones. Bajo el gobierno de Enver Hoxha, siguió una política de casi aislamiento total y no comerciaba ni mantenía relaciones diplomáticas ni siquiera con los países marxistas. Y sin embargo, su nivel de vida era el más bajo de Europa – debido, y no en poco, precisamente a esa política.
En cuanto a que la teoría de la dependencia, en su sentido limitado, es analíticamente correcto, los males sociales a los cuales llama la atención podrían ser substancialmente disipados mediante una asignación al público de tierra y del valor de la tierra (renta). En lugar de esto, la renta de la tierra está usurpada por corporaciones extranjeras u oligarquías domésticas propietarias de la tierra. Volveremos sobre este punto en el Cap. Nº 8.
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