2 – Colonialismo en América Latina y su Legado de Servidumbre

Así como los hebreos en Egipto trabajaban bajo el yugo del Faraón y sus Directores de Obra, así también las gentes de América Latina durante siglos han padecido servidumbre impuesta por los gobernantes coloniales.

Y así como persistieron restos de la mentalidad esclava entre los hebreos en el desierto, así también persiste ahora el legado de actitudes e instituciones coloniales en América Latina.

La imagen de un Cristo muriendo una pacífica agonía en la cruz y la imagen de una Virgen Bendita como mujer adolorida, de luto y traspasada por una lanza, son comunes en el catolicismo latinoamericano. Ello demuestra siglos de impotencia bajo amos españoles y extranjeros. Aún hoy en día muchos católicos practicantes miran el carnaval como un descanso del sufrimiento – una realidad que estaba presente ayer y volverá mañana, y siempre. En este sentido el carnaval es escapismo por unos días. Luego la vida real ha de continuar.

Los orígenes de este sufrimiento se encuentran claramente en el sistema aristocrático impuesto por las bulas papales y por el poder de las armas de España y Portugal, un sistema que relegó a la población indígena a una vida de esclavitud, en el mejor de los casos.

En la bula pontificia Inter Caeteris el Papa AlejandroVI asignó al Rey Fernando VII y a la Reina Isabel como “amos y señores” del Nuevo Mundo. Así se entregaron también los tesoros de oro y plata, y luego los de café y carne – a una bien definida élite.

La encomienda fue el instrumento básico utilizado por los españoles para colonizar la América Latina. La encomienda era una entrega de indígenas a un encomendero que asumía la obligación, en principio, de cristianizarlos y civilizarlos. Los indígenas “a cambio” tenían que trabajar y pagar tributo a España. Ahora miramos retrospectivamente a esta época como un período de “pacificación” brutal y cínica de los indígenas por parte de los explotadores que los conquistaron. Sin embargo es importante reconocer que los encomenderos encargados de “cristianizar” los nativos cumplieron su misión al permitir el acceso del clero para que llevara a cabo su labor evangélica sin interferencia. Puede ser tentador ahora considerar a esos primeros misioneros como meramente cínicos agentes del expansionismo colonial – pero, en verdad, no pudo haber sido así. La gran influencia de la Iglesia Católica en América Latina atestigua el éxito de esos misioneros, de tal manera que si no hubieran estado motivados por la fe cristiana no hubieran podido dejar una marca indeleble en una cultura enteramente diferente.

Sin embargo, para los teólogos de la liberación el trabajo religioso no puede evitar su contexto político. Aunque en teoría la encomienda no incluía adjudicación de tierra, en la práctica muchos de los encomenderos lograron mercedes o título legal a vastas extensiones de tierra que dieron origen a los latifundios. Después de que el sistema de encomienda fue abolido, este control de la tierra permitió que continuara la explotación de los nativos.

Hoy en día sobreviven dos tipos de extensas propiedades del período colonial: la hacienda, para levantar ganado y una variedad de cosechas para consumo local o para vender; y la plantación, que se concentra en un solo producto exportable. Inicialmente los indígenas eran regalados como esclavos a los terratenientes: Más tarde los nativos “liberados” estaban atados a los terratenientes por medio de deudas ocasionadas por el sistema salarial de subsistencia. La escasez de buena tierra por fuera de la gran propiedad facilitaba al terrateniente el atraer trabajadores hacia su propiedad y el coercionarlos .

Esta situación todavía continúa con una clase inferior, descendiente de los indígenas y de los esclavos africanos, al lado de otros grupos de desposeídos. Las haciendas y plantaciones son notorias por su manejo ineficiente . Los terratenientes hacen frente a pocas presiones sociales y económicas para volverse buenos administradores y a menudo viven en las ciudades y dejan la propiedad en manos de mayordomos. En consecuencia, los terratenientes no hacen grandes ganancias, pero este no es su objetivo. Su principal interés es mantener los dos importantes hechos del status quo, que van de la mano. Primero, salarios muy bajos, porque los trabajadores no tienen como alternativa un lugar donde puedan emplearse ellos mismos, aunque haya enormes extensiones de buena tierra casi sin utilizar por los propietarios de la tierra. Segundo, el costo de mantener grandes propiedades, p. e. los impuestos cobrados por el privilegio de mantener la posesión de la tierra son bajos o inexistentes, y tan ausentes están los terratenientes como los impuestos para presionar por un manejo más eficiente.

Hay muy poco incentivo hacia la productividad: la mayoría de la población no comparte los frutos de la tierra o las ganancias de las propiedades. El sistema colonial de tenencia de tierra desanima la creación de capital, y la mayor parte del producido se gasta en la compra de artículos lujosos de producción nacional en lugar de manufacturas más útiles, o más a menudo en importaciones que presionan la balanza de pagos del país. La situación en las ciudades no es mejor para los pobres a donde son llevados por las habladurías, la radio, la televisión y las películas que presentan las ciudades como la Tierra Prometida. Por supuesto que la imagen es falsa, y es así como muchos desprovistos de tierra que buscan empleo en las ciudades han convertido éstas en lugares de gran degradación. El monopolio de la tierra urbana y la especulación crean tremendas dificultades para suministrar habitación al pobre. P. e., en 1950, el 36% de la población del Brasil vivía en las ciudades, en 1988 el 75% lo hacía. Así, la ciudad de San Pablo ha crecido de cerca de 2.2 millones en 1950 a cerca de 17 millones en menos de cuarenta años. Y nos han dicho que una tercera parte de esos millones son favelados (colonos urbanos que viven en favelas), y más de 2.5 millones son niños en la calle.

En verdad, el principal objetivo en retener vastas extensiones de tierra, como lo dice Andre Gunder Frank en “On Capitalist Underdevelopment” (Subdesarrollo Capitalista), “no es no usarlas y evitar que otros lo hagan. Estos otros, a quienes se les niega acceso, necesariamente caen bajo la dominación de los pocos que controlan la tierra, y son así explotados de toda manera concebible, típicamente por la vía de bajos salarios”.

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