De la Tierra Desaprovechada a la Tierra Prometida:La Teología de la Liberación en un Mundo Posmarxista
Sinopsis de la obra de los autores Robert V. Andelson y James M. Dawsey, Maryknoll, New York and London: Orbis Books and Shepheard-Walwyn Ltd., 1992. Traducido por Germán Lema
1 — TIERRA – La Esperanza de los Oprimidos en Cada Continente
A comienzos de la década de los 90, cuando el muro de Berlín y los regímenes autoritarios de la Europa Oriental se desplomaban, las comunidades y el clero de América Latina que estaban operando bajo la bandera de la teología de la liberación comenzaron a quitarse el yugo de la opresión.
El levantamiento de gentes sometidas alrededor del mundo se presta para buscar una verdadera liberación. Mientras muchos hacen énfasis en cuestiones políticas, igualmente críticos son los soportes éticos y económicos de la liberación. El ignorar éstos probablemente acarreará una trágica desilusión para la gente que ha hecho enormes sacrificios para trazarse nuevos caminos.
En Cómo Muere la Otra Mitad, Susan George escribió que “La causa que más presiona a la pobreza sin esperanza que millones de personas soportan es el hecho que el mero 2.5% de terratenientes con más de 100 hectáreas controlan casi el 75% de la tierra del mundo – y de ellos el 0.23% controlan la mitad”. El reconocer esta plaga social por lo que ella es, y para obviar una reacción desesperante, se requiere un entendimiento claro de dos temas importantes: el de La Tierra Prometida y el de La Tierra Desaprovechada.
La Tierra Prometida es la esperanza de los que no tienen tierra; literalmente la tierra es la portada a la oportunidad. Abraham en Mesopotamia y los israelitas en cautiverio en Egipto deseaban tanto su propia tierra que abandonaron sus casas y los territorios familiares y arriesgaron morir en busca del lejano lugar que Dios les había prometido, una tierra rica en leche y miel, donde un día de trabajo pondría comida en la mesa y permitiría a los niños crecer hasta la edad adulta. Este modelo de éxodo ha sido repetido muchas veces, desde las migraciones de la antigüedad hasta los que emigran en botes y balsas de hoy. Durante siglos han llegado inmigrantes a las Américas en búsqueda de la heredad que se les negó en el Viejo Mundo – una porción de tierra.
Pero la Tierra Prometida no es tanto un lugar geográfico sino una esperanza y una visión de un orden social justo. La sociedad moderna tiene muchos distintivos maravillosos pero ciertamente no es la Tierra Prometida en su plena gloria. En verdad, somos “cautivos modernos” que sentimos la Tierra Prometida como un instinto primitivo, como un ansia profunda, y desde lo más profundo de nuestro cautiverio como un grito que el mundo debía ser diferente.
Todos nosotros, no menos que los hebreos en Egipto, somos cautivos de estructuras que nos han sido impuestas. Esclavizar a la gente, hoy día como hace tres mil años, es robarles el valor de su trabajo. Por medio de varias formas de explotación, especialmente la monopolización de los derechos al uso de la tierra, grandes masas de la humanidad están oprimidas, deshumanizadas, mantenidas en cautiverio. Un factor que permite a los gobiernos el legalizar el robo de tierra y dar respetabilidad a unos terratenientes explotadores es el silencio general de los líderes religiosos e intelectuales acerca de los derechos comunes a la tierra de la humanidad.
Comenzamos a penetrar y a vencer este silencio cuando nos damos cuenta que la Tierra Desaprovechada es tierra no aprovechada, con su potencial inutilizado, que no produce “leche y miel”. Los especuladores tanto en las áreas urbanas como rurales acaparan tierra donde los hambrientos, los sin vivienda, y los desempleados podrían alimentarse, vivir y emplearse ellos mismos. El mantener valiosas tierras sin utilizar causa escasez artificial, con lo cual se aumenta la renta que el pobre debe pagar por la tierra deficiente. El acaparamiento de tierra tiene mucha de la culpa de crear la Tierra Desaprovechada, pues empuja a la gente hacia el “desierto”, ( tierras inferiores). Allí la gente encuentra oasis controlados por otros monopolistas a quienes se les debe pagar una “prima” por tener acceso al agua que sostiene la vida. Y, como veremos, el punto primario de las leyes económicas de la Biblia era el prevenir precisamente esta clase de usurpación de los bienes que Dios dió a todas sus criaturas.
El midbar, la Tierra Desaprovechada bíblica era parcialmente desierto. Tenía ciudades y praderas, pero carecían de una vida completa. Esta anomalía se ve en la moderna Tierra Desaprovechada, llena de fábricas, rascacielos, y mansiones – al lado de barrios escuálidos, pocilgas y casas de cartón.
El punto de partida de la teología de la liberación es el reconocimiento del terrible hecho que millones de seres humanos soportan vidas infrahumanas. Los “sin tierra” en el campo buscan refugio en las ciudades, a menudo invadiendo terrenos o construyendo favelas donde el alcantarillado es abierto y no hay agua potable. Puede que ganen un salario mínimo al mes, si encuentran trabajo. Los niños viven en la calle y se acuestan hambrientos. La enfermedad y la sequía, y la sola queja de su infortunio, los puede llevar a una muerte prematura. Y pueden ver el Mercedes estacionado detrás de las rejas de hierro de las mansiones. (Irónicamente mercedes es también un vocablo que indicaba una adjudicación de tierra ). Como el pobre Lázaro en la parábola de Jesús (Lucas 16-19/31) ellos sobreviven de los mendrugos que caen de la mesa del rico. Cuando venga el juicio para el hombre rico no habrá compasión para él porque él no ha mostrado ninguna en vida.
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