Nº 4 – Tierra
La Economía Fundamental define tierra como”Todo el universo material, excluyendo el hombre y lo que éste produce”. Como nuestras otras definiciones, cuya meta es establecer un marco bajo el cual se entienda la distribución de la riqueza producida, esta definición es precisa, pero tiene un poco más de implicación metafísica que las otras . Podemos decir que tierra no es solo nuestra base sino nuestra Base del Ser.
Tierra es aire, agua, fertilidad del suelo, minerales, diversidad biológica – toda clase de oportunidad natural. Es nuestro ambiente, y en mayor sentido posible es nuestro universo. Está dividida en lotes, zonas, secciones, ciudades, estados, y naciones – por razones prácticas, económicas y políticas. Aunque hay factores geográficos y culturales que influyen en el trazado de los límites de una nación, esas líneas en el mapa no son parte de la tierra. Dios no estableció límites: los creamos los hombres por nuestras propias razones.
Toda esa idea de “poseer” tierra es absurda. ¿No es así?. Una cosa es decir que a una persona se le ha garantizado utilizar la tierra en una localidad específica, y otra cosa es decir que esa persona es dueña de la tierra. Para empezar,¿hasta qué profundidad?, ¿hasta qué altura?. Es práctica común negociar aparte los derechos a la superficie y los derechos a los minerales en una localidad. Pero, ¿hasta qué profundidad van los derechos a la tierra?. ¿Se trata de un cono con el vértice en el centro de la tierra?, y ¿cuál es el límite superior? ¿el infinito?.
(Algunos países han declarado el subsuelo como propiedad de la nación, otros han negociado compensación por la “pérdida” de los derechos, y a principios del siglo XX fue necesario introducir legislación en Europa para facilitar el tráfico aéreo pues los terratenientes consideraban invadida su “propiedad”).
La sociedad humana puede que algún día se desarrolle hasta el punto de considerar medios aceptables, para que se logre el fruto de nuestro trabajo en la tierra y no una manera de usurpar el trabajo de otros. La sociedad humana puede algún día llegar al punto donde las naciones sean unidades culturales, no políticas, donde el comercio es libre y los límites son lugares para izar banderas y no para construir fortificaciones. Todavía no hemos llegado allí. En verdad tales sueños parecerían utópicos si no fuera por la existencia de tendencias que parecen movernos vacilantemente hacia ellos.
Uno de los signos es la aparición de problemas ambientales y peligros globales. Quizás son una bendición disfrazada. La atmósfera y los océanos pertenecen a todos y a nadie. Ninguna nación puede unilateralmente resolver los problemas de polución y sin embargo todas están afectadas por ellos. Si – y así parece – los problemas de polución global se empeoran hasta el punto que amenazan la pérdida de riqueza y vidas en gran escala, la cooperación mundial será inevitable. Una vez que pasemos ese umbral se verán otras formas de cooperación transnacional, y los límites arbitrarios serán menos amenazantes. El hecho sobresaliente de problemas económicos y ambientales que sobrepasan fronteras está forzando a la sociedad a ver la “tierra” de una nueva manera.. Por ejemplo, es imposible para cualquier nación reclamar soberanía sobre la capa de ozono - pero ya naciones se han unido y acordado tomar medidas para preservarla. En presencia de peligros globales, la cooperación dirigida entre naciones se hace no sólo deseable sino necesaria.( Podemos señalar que una cooperación inconsciente, en forma de intercambio, ha existido todo el tiempo, estorbada solamente por la miopía de las barreras proteccionistas).
Las economías “capitalistas” del mundo están haciendo frente a deudas, inflación y problemas cíclicos. Las economías “socialistas” hacen frente ya sea al estancamiento o a la quiebra total. Las gentes están pensando en un nuevo ejemplo, y el problema de la tierra sigue sin resolver.
En economía se ha demostrado que la tierra es la única fuente de toda riqueza. Ya que alimento, vestido y habitación son necesarios para sobrevivir – en términos económicos, riqueza – podemos decir que la tierra nos mantiene. Pero la tierra nos mantiene de más maneras, no solo físicamente. Los seres humanos tienen una relación existencial con la tierra, una conexión vibrante con la maravilla y majestad del universo que ni siquiera una sociedad moderna empapada de televisión, embrutecida por el consumismo y ciega a la pobreza, ha podido arrasar.
¿Por qué los neoyorquinos necesitan el Central Park? ¿Por qué los motoristas prefieren estrellarse que matar un coatí? ¿Por qué todo el mundo deja de trabajar mientras aterrados observan un eclipse solar? ¿Cómo trabaja la memoria humana? – No es necesario buscar fuentes de temor. ¿Por qué las cucarachas pueden obviar los más persistentes esfuerzos de la ciencia en destruirlas?.Todavía no hemos perdido nuestra conexión con la tierra. Puede que durante gran parte del tiempo esté latente para muchos de nosotros, pero perderla es perder nuestra humanidad.
Cuando reconozcamos este hecho, estaremos obligados a darnos cuenta que la “propiedad privada de la tierra” no es sólo económicamente mala, y no solo éticamente mala: es espiritualmente mala. (Trate de decir lo mismo pero sustituyendo por “propiedad privada de trabajadores” y recuerde que la esclavitud corporal fue legal y ampliamente reconocida hasta muy recientemente).
Para los seguidores de Henry George es bueno recordar que su idea no es muy nueva: en realidad no es nueva. Henry George volvió a decir, en términos y métodos de la economía política, la verdad espiritual que las gentes han conocido desde un principio – conocido en sus corazones aun cuando el engaño de la conveniencia y las utilidades no ganadas los impulsaron a aceptar leyes corruptas.
— Lindy Davies
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