Nº 2 – Valor

Nuestra discusión sobre la propiedad llama nuestra atención al concepto de valores. Una cosa es decir que tenemos el derecho a poseer ciertas cosas, y algo diferente decir que es bueno poseerlas, o que valen nuestro esfuerzo en adquirirlas. ¿Cómo juzgamos el valor de algo?

Recientemente pasé una tarde con una profesora que ayudaba a una amiga a comprar algunos productos americanos para llevar a su familia en la India. Fuimos a un supermercado y a uno de juguetería, ambos llenos de – lo que yo consideraba – productos inútiles, y terminamos en el departamento de cosméticos del gran almacén Macy’s en Nueva York. Yo estaba ya confuso con este incontrolable consumismo, y pregunté a mi amiga: “Si tuviéramos la solución de Henry George tendríamos mucho más de estos artículos infernales, ¿ no sería así?

“Oh, claro que si”, replicó ella, ”muchos más”. Es cierto: la gente quiere “estos artículos “ y un mercado libre del monopolio de la tierra estaría más preparado para suministrarlos .

Un amigo cuáquero, al informar sobre su viaje a la conferencia de las Naciones Unidas en Río Earth – 1992 – observaba que “se había gastado más dinero y energía tomando fotografías de niños en los Estados Unidos que alimentando los niños de muchas naciones del mundo”.

Hay diferentes tipos o conceptos sobre el “valor”, dependiendo del contexto. El más fácil para definir es el valor económico. Los economistas difieren acerca de su origen apropiado, pero los que están en el mercado saben muy bien lo que es: el precio. Y restringen su concepto de valor en ese sentido, y pueden incorporar valor personal o espiritual pero con cierto peligro.

Esto no quiere decir que los economistas son calculadores de sangre fría que desprecian el significado de las cosas. Más bien, el significado de las cosas no es su preocupación principal: sus ideas y conclusiones provienen de promedios y agregados. Es perfectamente correcto decir que el promedio de una familia americana es de 2.6 hijos , aunque ninguna madre ha dado a luz seis décimas de niño!

Las afirmaciones de los economistas pueden ser hechas con mayor confianza cuando hablan de grandes cantidades de personas. Y esto es así porque todos somos individuos! Una persona puede comportarse de mil maneras, pero la gente, en general, puede predecirse, busca lo más que puede por sus mercancías o servicios, o aumenta el precio de algo si se aumenta la demanda. Hay suficiente gente que haría estas cosas, y por tiempo suficiente, lo cual permite hacer predicciones confiables del comportamiento agregado.

Pero, el valor económico no es la única clase de valor. Paradójicamente, el valor personal de las cosas juega un papel vital en la economía! Como vendedores nos interesa su valor económico pues buscamos el mejor precio. Pero como consumidores, el valor personal es importante. Nosotros cambiamos cosas que valoramos menos por cosas que valoramos más, y como las gentes son individuos y tienden a valorar las cosas en forma diferente, el intercambio es posible y mutuamente benéfico.

También hay un valor espiritual – pero su significado es aún más subjetivo y elusivo. Todos ejecutamos tareas por amor, bondad o devoción filial – o aún sin intención ninguna – por lo cual no esperamos remuneración alguna. Dedicamos trabajo y sus productos a ciertas causas, grupos o actividades simplemente porque creemos que es lo correcto - o porque nos sentimos “llamados” a hacerlo.

Muchos no están contentos con el rígido dualismo entre valor económico y valor espiritual y sienten que la sociedad ha llegado a ser manejada por un concepto “económico” de las cosas que ha hecho a un lado la comunidad y la preocupación (por algo). Ellos quieren reorganizar la ciencia de la economía “teniendo en cuenta que la gente tiene importancia”. El problema con tal plan es que a los economistas no les importa la gente, igual que a los químicos o botánicos. La gente tiene importancia para todos – o al menos debería tenerla., pero la tarea de los economistas es determinar el comportamiento humano agregado en su lucha por vivir. No hay nada en la ciencia económica, por si misma, que niegue (o que siquiera considere) la individualidad humana. (Por supuesto que este punto se refiere solamente a la ciencia económica cuando es auténticamente científica, pero cuando ha sido mal usada por las armas para oscurecer la realidad con humo teórico para mantener privilegios, es antihumana).

Los marxistas, por otra parte, se refieren al valor desde una posición diferente, y la “teoría del valor” de Marx es base del análisis económico marxista. En realidad Marx intentó combinar el valor económico con el significado personal y social. El verdadero valor de un producto, de acuerdo a Marx, es el tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo. Cualquier valor mayor es “plusvalía” y representa la explotación de los trabajadores por los capitalistas (incluyendo también a los terratenientes).

Desafortunadamente es muy difícil – quizás imposible – llegar a una cifra objetiva que determine el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir algo. La economía política de Marx localiza la explotación en la naturaleza del mercado – y, por lo tanto, debe formular un estado de la evolución económica pos-mercado en el cual el trabajo no está valorado, y no hay plusvalía.

En cierto sentido la teoría de la plusvalía es truismo. No se puede negar que cuando los trabajadores son empleados por patrones, éstos obtienen una ganancia (al menos que sean incompetentes). Si no fuera así los trabajadores no serían empleados y todo el mundo se emplearía a sí mismo. La “plusvalía” en este sentido forma parte integral de la economía de mercado. ¿Por qué lo aceptan los trabajadores? Porque así pueden obtener más satisfacción. Los trabajadores examinan sus alternativas y determinan que si trabajaran para ellos mismos sus ingresos serían más bajos. Es difícil imaginar como estas relaciones básicas se podrían eliminar sin abandonar la tremenda eficiencia del mercado libre por el montón de confusiones de una economía planificada.

El esfuerzo de Marx en diseñar una economía moral falla porque, en última instancia, la economía no trata de moral. La economía se refiere a como los seres humanos utilizan sus escasos recursos para satisfacer ilimitados deseos. Esto no es una negación de los principios morales y espirituales – así como el método científico de un investigador no necesariamente es la negación del método de otro investigador. La justicia –o la injusticia – no depende de cómo definimos “valor”. La justicia fundamentalmente tiene relación con los derechos humanos, empezando por el inalienable derecho a la vida. Lo que tenemos que hacer es resistir el proceso de mercadeo del trabajo. Como individuos se nos pide no ponerle precio a cada cual o a nuestro mundo, y vivir de tal maneara que se reconoce el valor económico del trabajo – posiblemente el menos importante de nuestros valores.

— Lindy Davies


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