9 – La Iglesia y la Tierra

Ahora unas pocas palabras de la Iglesia cristiana y las leyes de la Biblia referentes a la tierra. Durante tres siglos los cristianos practicaron el Jubileo “libremente” (Compartiendo todo voluntariamente), y al final había tantos seguidores de Cristo que el emperador Constantino se vio obligado a reconocer el cristianismo. Sin embargo, nada se dijo de cambiar las leyes sobre la tenencia de la tierra. Cuando Roma conquistó a Cartago 200 años antes de Cristo, las leyes de Baal, bajo las cuales había gobernado Cartago desde que fue colonizado por los familiares de Jezabel en tiempos de Acab, estimularon la avaricia de muchos romanos. Con el tiempo el antiguo sistema romano fue remplazado por el de Baal, y los vigorosos campesinos de Italia se convirtieron en esclavos en las propiedades de la nueva clase terrateniente. El mismo sistema que “encontró a Roma construida de ladrillo y la dejó de mármol” también condujo a la decadencia y caída del imperio romano. Pero la Iglesia no hizo nada para cambiarlo. Por el contrario, la Iglesia llegó a estar dominada por los terratenientes hasta que todo el norte del África se rebeló contra la cristiandad y aceptó la religión musulmana que predicaba, tomado de la Biblia, “La tierra pertenece a Dios”.

Lo mismo se repitió en el Medio Oriente. En Europa, después de que las bárbaras invasiones habían destruido lo que quedaba de la civilización romana, la Iglesia hizo varios esfuerzos para lograr un sistema de tenencia de tierra más equitativo, pero cuando en el siglo XVI los Anabaptistas (menonitas) pidieron la reforma en esa tenencia, tanto los católicos como los protestantes los persiguieron sin compasión y en casi toda Europa la Iglesia se convirtió en el mayor terrateniente. Las guerras entre protestantes y católicos se peleaban por tierra y no por cuestiones religiosas. Este hecho puede verse claramente en Irlanda donde los reyes de Inglaterra, uno tras otro y con el pretexto de salvar las almas de los irlandeses, se aprovecharon de sus tierras y las adjudicaron a sus secuaces. El problema de Irlanda no es sino la aplicación de las leyes de Baal. Los mismos europeos “cristianos”, al parcelar Africa entre colonos hambrientos de tierra, eliminaron sistemas relativamente aceptables e instituyeron el sistema de Baal con los desastrosos resultados al empobrecer a los africanos y engendrar el odio y junto con la corrupción de los colonos destruyeron el continente con guerras, asesinatos, odio, temor, erosión del suelo y hambre.

Casi todos los países que aceptaron el comunismo después de la revolución rusa eran cristianos – nominalmente. En cada caso la causa principal del problema fue la puesta en práctica por los cristianos y sus aliados del sistema de Baal, y el rechazo del sistema bíblico o algo que se le pareciera. Donde ha habido una reforma en la tenencia o un impuesto al valor de la tierra( basado en el concepto que la tierra se alquila, no se vende, modernizando así el concepto de Jubileo), ha habido un exitoso rechazo al comunismo y una visible prosperidad (p.e. Corea, Japón, Taiwán, Hong Kong, Singapur, Nueva Zelandia, Australia, etc.). Es de notar que la extrema pobreza y el hambre no son producto de la “superpoblación”, sino de la inadecuada distribución de la tierra. Los países más densamente poblados del mundo tienen menos pobreza que algunos de sus vecinos, a causa de sistemas más equitativos. Haciendo la corrección para tierra arable y el número de cosechas, los países más densamente poblados son, por kilómetro cuadrado: Corea del Sur (2000), Japón (1600), China Continental (850), Corea del Norte (750), Inglaterra (520), Taiwán (500), Benelux y Líbano (440 c/u), Java (320). Los países relativamente despoblados son: Bangladesh (300), India (100), Pakistán (60).

Oremos nosotros los cristianos para que nuestro país no se vea tentado a adoptar el sistema de Baal sino que, por el contrario, se mueva en la dirección del sistema bíblico. Los cristianos pueden comenzar, como ya algunos lo hacen en los Estados Unidos organizando bancos de tierra, y viendo que se usa en beneficio de los que desean trabajar en ella, y luchando por el establecimiento de impuesto al valor de la tierra.

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