7 – Proclamad la Libertad

La más alarmante definición de sumisión de Jesús brotó en su casa de Nazaret. La descripción aparece en Lucas 4. En esta ocasión él citó a Isaías 61:1/2, como texto y aclaró que había venido a proclamar el año de la libertad! Las palabras de Isaías son igualmente citas del Levítico 25:10, pero con el característico toque del “nuevo” pacto: la referencia al Espíritu Santo. Aquí, nuevamente, es el Espíritu Santo el que ordena el Jubileo, no el poder civil.

En Lucas 4:22 se dice que la gente estaba admirada de estas “palabras de gracia”. La gracia, por supuesto, es un regalo: la cancelación de la deuda, el restablecimiento de la heredad, y aquí está Jesús anunciando la gracia, proclamando la libertad. La esencia de la legislación para los años sabáticos y para y para el año de la libertad es la palabra “libre”. Cada hombre recupera su heredad libre de pago. Nada le cuesta, no adquiere obligaciones, no tiene que hacer algo para merecerla. Dios lo ordena. Este concepto es espiritualizado en el Nuevo Testamento. Dios mira a su gente desposeída por Satán, esclavizada por el pecado, llenos de deudas por obligaciones incumplidas, y Él proclama la libertad, los libera al devolverlos a su propia heredad, que es confraternidad con Dios y una porción en su reino.

La mayor parte del Nuevo Testamento se refiere a la batalla por medio de la cual Jesús obtuvo la victoria – y es intencional que el nombre “Judío” es la misma palabra griega “Josué” (Joshua) quien ganó la batalla y condujo a su gente a la tierra prometida e hizo posible el rescate. Las palabras “gracia”,”libertad” y “rescate” son los temas principales del Nuevo Testamento, y todos derivan de la legislación sobre tierras del Antiguo Testamento. Pero ahora la tierra en cuestión no es la de Palestina, sino el Reino de Dios, la heredad de los nuevos hijos de Dios, el nuevo Israel, los discípulos de Cristo.

La Iglesia cristiana, desde la “conversión” sin arrepentimiento de los terratenientes del Imperio Romano en la época de Constantino ha estado haciendo el juego de los profetas y sacerdotes del tiempo de Jeremías, haciendo las cosas fáciles para ella al mencionar los cambios en la interpretación espiritual de las viejas leyes sobre la tierra mientras deliberadamente ignora sus aplicaciones prácticas y su cumplimiento en la vida diaria.

Este comportamiento ha sido frecuentemente justificado argumentando que la Iglesia ha carecido de autoridad para proponer o hacer cumplir la legislación sobre tierras. El hecho es que los primeros discípulos de Jesús no tenían dudas sobre cómo se llevaba a cabo el Jubileo. Lo aceptaban literalmente (Mateo 5:17 y 7:11), y claramente nos dicen (Actos 2:41 y 4:32) de la institución del Jubileo entre ellos bajo el poder del Espíritu Santo “Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la Iglesia) aquel día una tres mil almas”, y todos los que creían vivían unidos, teniendo todos sus bienes en común pues vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos según la necesidad de cada uno.....y ninguno manifestó que todas las cosas que poseía eran suyas.....ni hubo alguno entre ellos que carecía de lo necesario: porque como muchos de ellos eran poseedores de tierras o casas las vendieron y trajeron los dineros de las cosas vendidas, y los pusieron a los pies de los apóstoles; y la distribución se hizo de acuerdo a las necesidades”.

El que esta acción era enteramente voluntaria es claro por la historia de Ananás y Safira (Actos 5:3/8), una pareja que trató de obtener más crédito que el que les correspondía por su generosidad. Se les dijo en primer lugar que no tenían que vender su tierra y que si decidían hacerlo estaban en libertad de disponer de lo cobrado. La expresión”en libertad” que se usa a menudo en el Antiguo Testamente con respecto a ofertas y sacrificios en exceso de lo requerido por la ley, es la expresión griega “dektos” (en la versión Septuaginta). La expresión fue usada por Jesús al proclamar “aceptable” ( esto es, “en libertad”) el año del Señor. Lo que Dios hace lo hace libremente y nosotros respondemos libremente.

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