6 – El Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento ni agrega ni modifica la legislación del Antiguo, pero la pone en perspectiva diferente, la de Jer. 31:31, Ez. 36:24 y Joel 2:28.

En estos pasajes Dios promete no derogar las leyes cuyo cumplimiento ha desmejorado, pero escribe sus leyes en los corazones y pone su Espíritu tanto dentro de ellos como de ellas para que puedan ser cumplidas sin sanciones eternas.

En el Antiguo Testamento, la ley del Señor era aplicada o derogada con sanción del gobierno, o a través de las acciones de los reyes que hacían cumplir las leyes del señor o las de Baal. En el Nuevo Testamento se espera que cada individuo tendrá el poder del Espíritu Santo para cumplir las leyes mientras se establezca definitivamente el eterno Reino de Dios.

El primer sermón de Jesús, anunciando su programa, es el “Sermón dela Montaña”, (Mateo 5,6,7). Luego de citar varios pasajes del Antiguo Testamento, inclusive la promesa de tierra para los oprimidos (Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán latiera”..., cita de Salmos 37:11), continúa diciendo “Pensad que no he venido a destruir sino a edificar....”

Esto condujo a algunos oyentes de Jesús a concluir que él, como el rey ungido Mesías o Cristo, implementaría las leyes. Esta función fue expresamente rechazada por él cuando le pidieron intervenir en un caso de injusticia sobre la tierra (Lucas 12, 13, 14), y definir un a partición: cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacedlo vosotros a ellos - primero.(Mateo 7:12).

En una ocasión, un joven muy rico, presumiblemente un “dueño” de muchos bienes preguntó directamente a Jesús qué debía hacer. Jesús le contestó que cumpliera con la ley. El joven replicó que eso había hecho toda la vida, a lo cual Jesús, lisa y llanamente le dijo que dispusiera de todo y lo diera a los pobres. Esto, claramente, iba más allá de lo requerido por la ley. (La historia aparece tres veces, y obviamente fue considerada muy significativa. Mateo 19:21, Marcos 10:17, Lucas 18:18). Quien era este joven rico, que se alejó triste, no lo sabemos. Pero sí sabíamos que un tal hombre, el día de Pentecostés o un poco después (Actos 4:36, etc.) siguió exactamente este consejo, primero vendiendo parte de su tierra y luego siguiendo a Jesús como apóstol. Su nombre era Barnabás, y las crónicas muestran que eventualmente, después de financiar su primer viaje misionero y el de Pablo, dispuso del resto de su riqueza y trabajó como labriego para mantenerse en su trabajo apostólico.(1 Cor. 9:6).

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