5 – Baal: El Dios de los Terratenientes
El concepto de “heredad” es importante: significa que la tierra es propiedad de Dios. Al poseedor se le da el uso de la tierra de Dios con el compromiso de pasarla a sus descendientes. La respuesta de Nabot a Acab: “El Señor me prohibe darte la heredad de mis antepasados”, es. Bajo las leyes de Omri, una blasfemia contra su Dios (Baal) y el rey. Nabot y sus herederos fueron ejecutados y la tierra revirtió a la corona pero no sin la inmediata condenación del temible profeta Elías, que fue enviado a encontrarse con el rey que estaba en el acto de tomar posesión de la tierra de Nabot. Elías pronunció la sentencia de muerte por Dios a Acab, Jezabel y todos los varones de su descendencia. Este episodio se narra nuevamente en 1 Reyes 22:38, con el recuento de la muerte de Acab, y una vez más en 2 Reyes 9:7/10 donde se ordenó al rey de Israel exterminar la casa de Acab, y otra vez en 9:26 cuando Jehú (rey de Israel) dio muerte al hijo de Acab, Joram, y arrojó su cuerpo en el campo de Nabot.
Las palabras del profeta sobre Acab , mencionadas al final del suceso de Nabot, fueron: “Nunca hubo nadie tan falso como Acab ni que desagradara a Dios, presionado por su esposa Jezabel. Él se comportó de una manera abominable, adorando ídolos, igual que los amoritas acostumbraban hacer y a quienes Dios desposeyó a favor de los hijos de Israel: “Aquí la idolatría (culto a Baal) de los amoritas claramente se refiere en su contexto al caso de la tierra.
El profeta Elías había recibido una comisión de Dios para ungir al rey Jehú y este encargo lo encomendó a su sucesor Eliseo ( 2 Reyes 9). No sólo Jehú exterminó completamente la dinastía de Acaba sino que también, pretendiendo que iba a seguir la línea de Baal, exterminó a los devotos de Baal, y no sólo a los profetas y sacerdotes sino a todos sus devotos. Este hecho detuvo toda oposición de cualquier terrateniente a la implementación de las leyes del Señor.
Hubo una mujer en el linaje de Omri, su hija Atalia, que no fue asesinada durante la revolución de Jehú, y continuó dando apoyo a los terratenientes en Judá. El disfrute de poder y lujo introducidos en el reino por su familia no desapareció fácilmente.
El profeta Elías solamente trató con Acab y su hijo Ahaziah, pero su sucesor Eliseo dirigió la oposición al movimiento de Baal durante los reinados del segundo hijo de Acab, Joram (quien sucedió a Ahaziah), el reformador, Jehú, y del hijo de Jelin, Jehoahaz y del nieto Joash. Durante la época de Eliseo se menciona un caso relacionado con tierra pero no se da el nombre del rey. Presumiblemente era Jehú o uno de sus sucesores. El relato aparece en 2 Reyes 8:6,y se trata de una mujer shunamita cuyo hijo había resucitado y quien había sido prevenido por Eliseo del hambre que se vendría y le recomendó salir del país. Ella se había ausentado durante siete años y cuando regresó encontró que su tierra estaba confiscada: no se dice por quien y con que objeto. Puede ser que la influencia de las leyes de Omri le hicieron imposible obtener justicia en las bajas cortes. Ella apeló al rey, y este, influenciado por el profeta Eliseo ordenó se le restituyese la tierra junto con las ganancias por el tiempo que estuvo alejada. Esto indicaría que ella no había, como lo hicieron Noemí y Elimelech, alquilado su tierra, sino que había intentado dejarla sin cultivar. La orden del rey de que ella debía recibir los ingresos de la tierra indica que éste no fue un caso de alguien que rehusara el derecho de redención ( un derecho único en las leyes dl Señor).Si hubiera sido un caso de redención, las ganancias hasta la fecha de la redención hubieran pertenecido al inquilino. Se concluye que la tierra había sido ocupada ilegalmente.
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