CAPITULO 11

EFECTO DEL PROGRESO MATERIAL
SOBRE LA DISTRIBUCION DE LA RIQUEZA

Decir que el salario queda bajo porque la renta sube, es como decir que un vapor se mueve porque su hélice gira. La pregunta que surge es: Por qué sube la renta? ¿Cuál es la fuerza o necesidad que, al aumentar el poder productivo, da como renta una proporción, cada vez mayor, del producto?

La única causa indicada por Ricardo como causa que eleva la renta es el aumento de la población, que, al requerir mayor suministro de comida, fuerza el cultivo a extenderse a puntos de inferior productividad de las mismas tierras. Pero, aunque es indiscutiblemente cierto que la creciente presión de la población, obligando a recurrir a puntos inferiores de producción, ha de elevar y realmente eleva la renta, no creo que esto baste a explicar por completo el aumento de la renta con la marcha del progreso. Evidentemente, hay otras causas que contribuyen a elevar la renta, pero que parecen haber sido total o parcialmente ocultadas por ideas falsas sobre las funciones del capital y el origen del salario. Para ver cuáles son dichas causas y cómo actúan, examinemos el efecto del progreso material sobre la distribución de la riqueza.

Los cambios que constituyen el progreso material o contribuyen al mismo son tres: 1) aumento de la población; 2) perfeccionamiento de las artes de producción y cambio; y 3) perfeccionamiento del saber, la educación, el gobierno, las costumbres y la moralidad, en cuanto aumentan el poder de producir riqueza. El progreso material, como vulgarmente se entiende, consta de estos tres elementos o direcciones de progreso, en todos los cuales las naciones progresivas han avanzado de un tiempo a esta parte, aunque en grados diferentes.

Considerado desde el punto de vista de las fuerzas o economías materiales, el aumento del saber, el mejoramiento del gobierno, etc., da el mismo resultado que el perfeccionamiento de las artes. Por esto no habrá necesidad de examinarlos separadamente. La influencia que el progreso intelectual o moral por sí mismo tiene sobre nuestro problema, será examinada más adelante. Ahora estamos tratando del progreso material, al cual estas cosas contribuyen solamente en cuanto aumentan el poder productor de riqueza, y veremos sus efectos al ver el resultado del perfeccionamiento de las artes.

Efecto del Aumento de Población

La manera como el aumento de población eleva la renta, según se explica y aclara generalmente, consiste en que la mayor demanda de subsistencias fuerza la producción hacia suelos o puntos productivos inferiores.

De este modo, si, con una cierta población, el margen de cultivo está en 30, todas las tierras de productividad superior a 30 pagarán renta. Si la población se duplica, se requiere un empleo adicional de tierra y éste sólo se puede lograr extendiendo el cultivo, por lo cual darán renta otras tierras que antes no daban ninguna. Si la extensión es hasta 20, toda la tierra entre 20 y 30 dará renta y tendrá un valor y toda la tierra por encima de 30 dará una renta aumentada y tendrá un valor aumentado.

Surge, no obstante, un error que se ha de aclarar para entender bien el resultado que el aumento de población da en la distribución de la riqueza. Es la creencia en que el recurrir a puntos inferiores de producción implica un producto total más pequeño en proporción al trabajo empleado.

En sí mismo y sin ningún progreso en las artes, el aumento de población implica un aumento del poder productivo del trabajo. En iguales circunstancias, el trabajo de 100 hombres producirá mucho más que cien veces el trabajo de un hombre y el trabajo de 1,000 hombres mucho más que diez veces el trabajo de 100 hombres; y así, para cada par de manos que el aumento de población añade, el poder productor aumenta más, que proporcionalmente. De este modo, al aumentar la población, se puede recurrir a puntos de más baja productividad natural, no sólo sin disminuir el promedio de producción de riqueza, sino sin disminución en el punto inferior. Si se duplica la población, la tierra cuya productividad es sólo 20, puede dar a la misma cantidad de trabajo lo mismo que la tierra de productividad 30 daba antes. Pues no se debe olvidar, como a menudo se olvida, que la productividad, tanto de la tierra como del trabajo, no se ha de medir por una sola cosa, sino por todas las cosas deseadas. Un colonizador y su familia, a cien millas del poblado más próximo, pueden cosechar tanto maíz como podrían cosechar si sus tierras estuviesen en el centro de un distrito populoso. Pero en éste podrían ganarse la vida igualmente bien con el mismo trabajo en una tierra mucho más pobre o pagando renta en una tierra igual, porque en medio de una población mayor, su trabajo resultaría más eficaz; quizá no en la producción de maíz, pero si en la producción de riqueza en general; o sea, en la obtencion de todas las mercancías y servicios que son el verdadero objeto de su trabajo.

Salarios en Cantidad y en Proporción

Supongamos tierras de calidades decrecientes. Naturalmente la mejor tierra será colonizada primero y, a medida que la población aumenta, la producción ocupará la de calidad inmediata inferior y así sucesivamente. Pero, como el aumento de población, al permitir mayores economías, aumenta la eficacia del trabajo, la causa que pone en explotación cada clase de tierra sucesivamente, aumentará al mismo tiempo la cantidad de riqueza que una igual cantidad de trabajo podría obtener de esta tierra. Pero aún haría más que esto; aumentaría el poder de producir riqueza en todas las tierras superiores ya en explotación. Si las relaciones de cantidad y calidad fuesen tales que el aumento de población aumentase la eficacia del trabajo más aprisa que la necesidad de recurrir a tierras menos productivas, aunque el margen de cultivo bajase y la renta subiese, la recompensa mínima del trabajo aumentaría. Es decir, aunque el salario bajase en proporción, subiría en cantidad. El promedio de producción de riqueza aumentaría.

Si las relaciones fuesen tales que la creciente eficacia del trabajo compensase exactamente el descenso de productividad de la tierra a medida que ésta se pusiese en explotación, los resultados del aumento de población serían aumentar la renta, por el descenso del margen de cultivo, sin descenso de los salarios en cantidad, y aumentar el promedio de la producción.

Si ahora suponemos que la población continúa aumentando, pero que entre la tierra inferior en uso y la tierra inmediatamente inferior a ella hay una diferencia tan grande, que no se puede compensar con la mayor eficacia que el aumento de población da al trabajo, la ganancia mínima del trabajo quedaría reducida y con la subida de la renta, el salario bajaría, no sólo en proporción, sino también en cantidad. Pero a no ser que el descenso en la calidad de la tierra fuese mucho más rápido de lo que es o podamos imaginar, el promedio de la producción aún aumentaría. El aumento de eficacia que resulta del crecimiento de población abarca todo el trabajo, y la ganancia en las tierras de calidad superior compensa con creces la menor producción de las tierras recientemente ocupadas. En comparación con el trabajo total, la producción total de riqueza será mayor, aunque su distribución será más desigual.

De este modo, el aumento de población, al extender la producción a niveles naturales más bajos aumenta la renta y reduce el salario en proporción y puede reducirlo o no reducirlo en cantidad; el aumento de población raras veces puede reducir y probablemente nunca reduce la producción total en relación con el trabajo total efectuado; por el contrario, aumenta, a menudo en gran escala, la producción total.

Efecto de los Inventos y Mejoras

Mientras avancen la invención y los mejoramientos,
continuamente aumentando la eficiencia del trabajo,
el margen de producción se empuje más y más
para abajo, y la renta sube constantamente.
El efecto de los inventos y perfeccionamientos en las artes productoras es ahorrar trabajo, esto es, permitir que se obtenga el mismo resultado con menos trabajo o un mayor resultado con el mismo trabajo.

En un estado social en que el poder existente del trabajo sirviese para satisfacer todos los deseos materiales, y esta satisfacción no pudiese despertar otros nuevos, el efecto de las invenciones que ahorran trabajo sería simplemente reducir la cantidad de trabajo efectuado.

En el estado social que llamamos civilizado, del que tratamos en esta investigación, ocurre todo lo contrario. La demanda no es una cantidad fija que sólo aumenta a medida que la población aumenta. En cada individuo, aumenta con su facultad de obtener las cosas deseadas. La cantidad de riqueza producida, en ningún sitio es la que corresponde al deseo de riqueza, y el deseo aumenta a cada nueva ocasión de satisfacerlo. Siendo así, el efecto de los inventos que ahorran trabajo será aumentar la producción de riqueza.

Permítasenos recordar al lector que la posesión o producción de una clase cualquiera de riqueza equivale a la posesión o producción de cualquier otra clase con la cual puede cambiarse aquélla. El objeto del trabajo de cualquier individuo no es obtener una clase particular de riqueza, sino obtener riqueza de todas las clases que se acomoden a sus deseos. Por esto, un invento que permita un ahorro del trabajo necesario para producir una de las cosas deseadas, es equivalente a un aumento del poder para producir todas las demás cosas.

Si la alimentación de un hombre requiere la mitad de su trabajo, y el vestido y la vivienda la otra mitad, un invento que aumente su poder para procurarse comida, aumenta también su poder para obtener ropa y habitación. Si sus deseos de más o mejor comida y de más o mejor ropa y vivienda fuesen iguales, un perfeccionamiento en una rama del trabajo equivaldría precisamente a un igual perfeccionamiento en la otra. Si el perfeccionamiento consistiese en duplicar el poder de su trabajo para producir comida, destinaría un tercio menos de trabajo a producirla y un tercio más a obtener vestido y habitación. Si el perfeccionamiento duplicase su poder para obtener ropa y vivienda, destinaría un tercio menos de trabajo a estas cosas y un tercio más a a producir comida. En ambos casos el resultado sería igual, el mismo trabajo le permitiría obtener un tercio más en cantidad o calidad de todas las cosas que desease.

Y, asimismo, donde la producción se efectúa por la división del trabajo entre individuos diferentes, un aumento del poder para producir una de las cosas requeridas por la producción conjunta, aumenta el poder para obtener otras. Aumentará la producción de otras cosas en un grado determinado por la proporción en que se ahorra trabajo del total efectuado y por la intensidad relativa de los deseos.

Mayor Eficacia Absorbida en Renta Mayor

Como ejemplo de este resultado de la maquinaria e inventos que ahorran trabajo, supongamos un país en el cual, como en todas las naciones del mundo civilizado, la tierra esté en posesión de una parte del pueblo únicamente. Supongamos que una barrera permanente impide un ulterior aumento de población. Representemos por 20 el margen de cultivo o de producción. De este modo, la tierra con sus oportunidades naturales, en la cual la aplicación de trabajo y capital produciría un rendimiento de 20, daría exactamente el nivel corriente de salario e interés, sin producir ninguna renta; mientras que todas las tierras que rindiesen más de 20 a igual inversión de trabajo y capital, darían el exceso como renta.

Permaneciendo fija la población, supónganse allí inventos y perfeccionamientos que reducen en una décima parte la aportación de trabajo y capital requerida para producir la misma cantidad de riqueza. Pues bien: o una décima parte del trabajo y del capital quedará libre y la producción continuará la misma que antes; o bien se empleará la misma cantidad de trabajo y capital y aumentará la producción proporcionalmente. Pero, como en todos los paises civilizados, la producción está organizada de manera que toda reducción del trabajo invertido en producir no se hará, por lo menos al principio, dando a cada trabajador la misma cantidad de producto a cambio de menos trabajo, sino dejando a algunos trabajadores sin trabajo ni producto. Ahora, gracias a la mayor eficacia del trabajo debida a los nuevos perfeccionamientos, en el punto de productividad natural representada por 18 se puede obtener mayor ganancia que antes en el 20. De este modo, el efecto del deseo de riqueza insatisfecho y la competencia del trabajo y capital para obtener empleo extenderían el margen de producción hasta, supongamos, 18. Según esto, la renta aumentaría en la diferencia de 18 a 20, mientras que el salario y el interés no serían más altos que antes y, en proporción al producto total, serían menores.

Si los inventos y perfeccionamientos siguen avanzando, todavía aumentará la eficacia del trabajo y todavía disminuirá la cantidad de trabajo necesaria para producir un resultado dado. Por las mismas causas, este nuevo aumento de poder productivo se empleará en producir más riqueza; el margen de cultivo volverá a extenderse y la renta aumentará, tanto en proporción como en cantidad.

Claro está que en lo que precede me he referido a inventos y perfeccionamientos que se han generalizado. Apenas es necesario decir que mientras quienes utilizan un invento o perfeccionamiento son tan pocos, que obtienen una especial ventaja, aquél no afecta, en cuanto a esta ventaja se refiere, a la distribución general de la riqueza. Lo mismo ocurre con los monopolios limitados creados por las leyes de patentes. Aunque generalmente confundidos con retribuciones del capital, los réditos así obtenidos son en realidad ganancias de monopolio y en cuanto ellos sustraen de los beneficios de un perfeccionamiento, no afectan primariamente a la distribución general. Por ejemplo, los beneficios de un ferrocarril o un invento parecido se difunden o monopolizan según que sus tarifas se limiten a dar el interés usual del capital empleado o se eleven hasta dar una ganancia extraordinaria. Y, como es bien sabido, a la reducción de las tarifas, corresponde el alza del valor de la tierra.

Como ya se ha dicho antes, en los perfeccionamientos que aumentan el valor de la tierra, no sólo se han de incluir los que directamente aumentan el poder productivo, sino también los de gobierno, costumbres y moral, en cuanto lo aumentan indirectamente. Considerados como fuerzas materiales, el efecto de todos estos es aumentar el poder productivo y, como los progresos en las artes productivas, su beneficio es, en definitiva, monopolizado por los propietarios de la tierra.

CAPITULO 12

LA LLANURA ILIMITADA

Si bien el crecimiento de población aumenta la renta por disminuir el margen de cultivo, es un error considerar esto como la única manera por la cual la renta sube a medida que la población aumenta.

El aumento de población eleva la renta independientemente de las cualidades naturales de la tierra, porque el mayor poder de colaboración y cambio, que resulta del aumento de población, eleva la capacidad productiva de la tierra.

El aumento de poder que resulta del aumento de población, origina un mayor poder del trabajo localizado en la tierra, no del trabajo en general, sino sólo del trabajo efectuado en una clase de tierra, y este poder se adhiere a la tierra del mismo modo que cualquier otra cualidad del suelo, el clima, el contenido mineral o la situación natural, y se transmite, igual que estas cualidades, con la posesión de la tierra.

Un mejoramiento de los métodos de cultivo que, para una misma inversión, de dos cosechas al año en vez de una, o un perfeccionamiento de las herramientas y maquinarias que duplique el resultado del trabajo en una especial parcela de terreno, evidentemente tendrá sobre el producto el mismo efecto que si se hubiese duplicado la fertilidad de la tierra.

Imaginemos ahora una llanura ilimitada, que se extiende en una continua igualdad de hierba y flores, árboles y arroyos, hasta cansar al viajero con su monotonía. Aparece la carreta del primer inmigrante. No sabe dónde establecerse, cada hectárea le parece tan buena como las demás. En cuanto al agua, la fertilidad, la situación, no hay preferencia posible y él se halla indeciso con la perplejidad de la abundancia. Cansado de buscar un lugar que sea mejor que los demás, se detiene en alguna parte, en cualquier sitio, y empieza a construirse una vivienda. El suelo es virgen y fértil, la caza abunda y los arroyos centellean con las mejores truchas. Aqui la naturaleza está en toda su magnificencia. El tiene lo que, si estuviese en un distrito populoso, le haría rico; no obstante, es muy pobre. Aun prescindiendo de la nostalgia que le haría dar la bienvenida al forastero más taciturno, él trabaja con todas las desventajas materiales de la soledad. No puede obtener auxilio temporal en ningún trabajo que requiera mayor suma de fuerzas que las que le proporcione su propia familia o el auxilio que pueda retener de un modo permanente. Aunque tiene ganado, no puede comer carne fresca a menudo, porque para tener un bistec tendría que matar un novillo. Ha de ser su propio herrero, carretero, carpintero y remendón, en una palabra, aprendiz de todo y maestro en nada. No puede llevar sus hijos a la escuela; para eso tendría que pagar y mantener a un maestro. Las cosas que él mismo no puede hacer, ha de comprarlas al por mayor y tenerlas a mano, o si no, pasarse sin ellas, pues no puede dejar a cada momento su trabajo y hacer un largo viaje hasta los confines de la civilización; y cuando se ve forzado a hacerlo, adquirir una medicina o reemplazar una barrena rota puede costarle el trabajo propio y de sus caballos durante varios días. En estas circunstancias, aunque la naturaleza sea fecunda, el hombre es pobre. Le es fácil obtener comida suficiente, pero, fuera de esto, su trabajo bastará sólo para satisfacer del modo más rudimentario las exigencias más sencillas.

Pronto aparece otro inmigrante. Aunque cada sitio de la interminable llanura es tan bueno como todos los demás, ninguna duda le asalta respecto a dónde establecerse. Aunque la tierra es la misma, hay un lugar que para él es claramente mejor que cualquier otro, y es donde ya hay un colono y podrá tener un vecino. Se establece al lado del primer inmigrante, cuya situación mejora de súbito notablemente y al cual ahora le son posibles muchas cosas que antes no lo eran, pues dos hombres pueden prestarse mutuo auxilio para tareas que uno solo nunca podría realizar.

Los Beneficios de la Asociación

Otro inmigrante llega y, guiado por la misma atracción, se establece donde ya hay dos. Luego otro y otro, hasta que alrededor del primero hay ya un grupo de vecinos. El trabajo tiene ahora una eficacia a la que, en la soledad, ni podía aproximarse. Si hay que hacer un trabajo pesado, los colonos se reúnen y juntos hacen en un día lo que a solas exigiría años. Cuando uno mata un ternero, los otros toman una parte que devuelven cuando matan ellos, y así todos tienen siempre carne fresca. Juntos contratan un maestro, y los niños de cada uno aprenden por una fracción de lo que una enseñanza parecida hubiera costado al primer colono. Resulta relativamente fácil enviar a la ciudad más próxima, porque siempre va alguien. Pero hay menos necesidad de estos viajes. Pronto un herrero y un carretero instalan sus talleres y nuestro colono puede reparar sus aperos por una pequeña parte del trabajo que antes le costaba. Se abre una tienda, y cada cual puede, tener lo necesario cuando le hace falta; el correo, luego establecido, le pone en comunicación con el resto del mundo. Vienen después un zapatero, un carpintero, un guarnicionero, un médico; y al poco tiempo se levanta una pequeña Iglesia. Satisfacciones imposibles en la soledad, se hacen posibles. Se satisfacen gustos de índole social e intelectual, para la facultad del hombre que lo eleva por encima de las bestias. El poder de la simpatía, el sentimiento de compañerismo, la emulación por comparación y contraste, ofrecen una vida más amplia, más plena y más variada.

Id ahora a nuestro primer colono y decidle: «Tenéis tantos frutales que habéis plantado; tantas vallas, un pozo, un granero, una casa, en resumen, con vuestro trabajo habéis añadido un valor a este campo. Vuestra tierra no es ni de mucho tan buena como era. Le habéis sacado cosechas y poco a poco se os hará necesario abonarla. Os doy todo el valor de vuestras mejoras si me la dais y con vuestra familia os vais otra vez más allá del limite de la colonia.» Se reirá de vosotros. Su tierra no rinde más trigo o patatas que antes, pero produce mucho más de todas las necesidades y comodidades de la vida. Su trabajo sobre ella no dará mayores cosechas ni, supongamos, cosechas más valiosas, pero dará mucho más de las otras cosas por las que el hombre trabaja. La presencia de otros colonos, el aumento de la población, ha aumentado la productividad, en estas cosas, del trabajo efectuado sobre ella y este aumento de productividad hace esta tierra superior a la de igual calidad natural en la que todavía no hay colonos.

La Colonia se Convierte en Ciudad

La población continúa en aumento y a medida de éste aumentan las economías que el crecimiento permite y que en efecto se suman a la productividad de la tierra. Como que la tierra de nuestro primer colono es el centro de la población, la tienda, la fragua del herrero, el taller del carretero, se establecen en ella o junto a ella, donde pronto se levanta una aldea, que se convierte con rapidez en una villa, centro de cambios para los habitantes de toda la comarca. Con una fertilidad no mayor que la primitiva, esta tierra empieza a adquirir un poder productivo de tipo superior. Al trabajo invertido en cosechar maíz, trigo o patatas, no rendirá más de estas cosas que al principio. Pero al trabajo invertido en las ramas subdivididas de la producción, que requieren la proximidad de otros productores y especialmente al trabajo ocupado en la última parte de la producción, que es la distribución comercial, les dará recompensas mucho mayores. El cultivador de trigo puede ir más lejos y hallar tierra en la que su trabajo producirá tanto trigo y casi tanta riqueza. Pero el artesano, el manufacturero, el almacenista, el hombre de carrera, hallan que su trabajo empleado allí, en el centro comercial, les da mucho más que si lo invirtieran a cierta distancia, aun pequeña, de allí; y este exceso de productividad para estos fines, lo puede reclamar el propietario de la tierra, como podría reclamar el exceso de productividad de trigo. Y así, nuestro colono puede vender como solares unas pocas hectáreas, a precios que no sacaría por tierras trigueras, aunque su fertilidad se hubiese multiplicado muchas veces. Por este procedimiento se construye para sí una buena casa y la amuebla con elegancia. Es decir, reduciendo la transacción a sus términos más sencillos, la gente que desea usar la tierra le construye y amuebla una casa, a condición de que les deje aprovecharse de la superior productividad que el aumento de población ha dado a su tierra.

La población sigue aumentando, dando cada vez mayor utilidad a la tierra y más y más riqueza a su dueño. La villa se ha convertido en una ciudad, un San Luis*, un Chicago* o un San Francisco* y sigue creciendo. La producción se efectúa ahora en gran escala, con la mejor maquinaria y las mayores facilidades; la división del trabajo se vuelve en extremo minuciosa, multiplicando maravillosamente su eficacia; los cambios son de tanta magnitud y rapidez que se hacen con el mínimo de rozamientos y pérdidas. Aquí está el corazón, el cerebro del vasto organismo social que ha brotado del germen de la primitiva colonia; aquí se ha desarrollado uno de los grandes ganglios del mundo de los hombres. Aquí vienen todos los caminos, aquí afluyen todas las corrientes, a través de las vastas regiones del alrededor. Si tenéis algo que vender, aquí está el mercado; si tenéis que comprar algo, aquí está el surtido mayor y más selecto. Aquí la actividad intelectual está concentrada en un foco y aquí brota el estímulo que nace del choque de las ideas. Aquí están las grandes bibliotecas, depósito y granero del saber, los sabios profesores, los especialistas famosos. Aquí están los museos y galerías de arte y todas las cosas raras y valiosas, las mejores de su clase. Aquí vienen grandes actores, oradores y cantantes de todas las partes del mundo. Aquí, en fin, hay un centro de la vida humana en todas sus diversas manifestaciones.

Tan enormes son las ventajas que esta tierra ofrece ahora para la aplicación del trabajo, que, en vez de un hombre con un par de caballos desterronando hectáreas, se pueden contar miles de obreros por hectárea, trabajando en filas, en locales superpuestos, cinco, seis, siete y ocho pisos sobre el nivel del suelo, mientras bajo la superficie de la tierra palpitan máquinas con pulsaciones que ejercen la fuerza de miles de caballos.

Inmenso Aumento de Valores de la Tierra

Todas estas ventajas se adhieren a la tierra; es en esta tierra y no en otra donde se pueden aprovechar, porque aquí está el centro de población, el foco del comercio, el mercado y taller de las más altas formas de la actividad. Los poderes productivos que la densidad de población ha incorporado a esta tierra equivalen a multiplicar por cien o por mil su primitiva fertilidad. Y la renta, que mide la diferencia entre esta productividad adicional y la de la tierra menos productiva en uso, ha aumentado en la misma proporción. Nuestro colono o quienquiera que le haya sucedido en su derecho a la tierra, es ahora millonario. Cual otro Rip Van Winkle*, podía haber estado durmiendo; sin embargo, es rico, no por algo que haya hecho, sino por el aumento de la población. Hay solares de los que, por cada pie (1) de fachada, el propietario puede sacar más que lo que puede ganar un operario promedio; hay solares en venta por más de lo necesario pera empedrarlos con oro. En las calles principales se yerguen edificios de granito, mármol, hierro y cristal, acabados al estilo más costoso y repletos de todas las comodidades. Sin embargo, no valen tanto corno la tierra en que descansan, la misma tierra, en nada cambiada, que al llegar nuestro primer colono no valía absolutamente nada.

Que éste es el modo como el aumento de población actúa poderosamente elevando la renta, puede verlo por si mismo quienquiera que mire en torno suyo en un país progresivo. El proceso está avanzando ante sus mismos ojos.

La creciente diferencia de productividad de la tierra en uso, que origina un aumento creciente de la renta, no es debido tanto a que las exigencias de una población mayor obliguen a recurrir a tierra inferior, como a la mayor productividad que aumento de población de la tierra ya en uso.

Las tierras más valiosas del globo, las tierras que dan la renta más alta, no son tierras de superior fertilidad natural, sino tierras a las cuales el crecimiento de población ha dado una utilidad sobresaliente.

Recapitulemos: El efecto del aumento de población sobre la distribución de la riqueza es aumentar la renta y por consiguiente disminuir la proporción del producto que va al trabajo y al capital, de dos modos:

Primero: disminuyendo el margen de cultivo.

Segundo: descubriendo en la tierra especiales capacidades de otro modo latentes, y agregando capacidades especiales a determinadas tierras.

Me inclino a pensar que el último modo, al que los economistas han prestado poca atención, es en realidad el más importante.


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